La vi partir, y me quedé con este sin sabor de tenerla a si sean por unos segundos entre mis brazos, debía agradecerle a Fernanda su intervención cuando se abalanzó sobre mí. No aparté la mirada de Blanca hasta que el carro de los Katsaros desapareció de mi vista.
—No fue nada, —le di un beso en la frente—. Se les notó demasiado el anhelo que se tienen el uno al otro.
—No digas eso. He ocultado muy bien mis sentimientos.
—Pero a las brujas conocedoras del amor, no nos pueden mentir, eviten esta