Esto no se lo deseaba a nadie, a nadie. La bendita zozobra me agobiaba y ni para llamar a Deacon a ver cómo iba el operativo. Me había quitado todo el esmalte de las uñas con las mismas uñas, en un acto que vi necesario con tal de controlar mis nervios. Maju andaba igual, Samuel y Maco se habían puesto uno en cada lado de ella, así le daban fuerzas. Por ratos hacia el rosario, le había bajado a la intensidad. Otras veces se me venía la situación de Deacon y reventaba en llanto.
Mis amigas no me