Ese cambio de mirada entre los dos no me gustó. Seguían mintiéndome y mi enojo era con Deacon, David no me debía lealtad, pero mi marido sí. Y estaban cansando de verme como una niña. El recién llegado le entregó un celular, además lo dicho no fue de mi agrado.
—Es Athan, si le contesto lo pongo en alerta.
Un frío recorrió todo el cuerpo, por el amor de Dios, ¿se atrevió a meterse con mis hijos?
—Entonces ¿qué sugieres?
—El jet está en el aeropuerto, nos vamos tú y yo a Grecia. ¿Hay material pa