C66: Estoy dispuesto a todo para que me perdones.
Samira despertó lentamente, parpadeando mientras sus ojos se acostumbraban a la luz. La primera cosa que notó fue el techo blanco del hospital, iluminado por luces fluorescentes frías y clínicas. El zumbido constante de los equipos médicos llenaba el aire, junto con el pitido ocasional de un monitor de signos vitales. Las paredes estaban pintadas de un azul pálido, casi gris, que intentaba, sin éxito, dar una sensación de calma. Cortinas blancas semi-transparentes rodeaban la cama, proporcionand