Mi mente parece hacer corto circuito cuando escucho sus palabras, porque ni siquiera en mis sueños más locos imaginé que sucedería algo así. Por eso, observo aturdida al hombre al que lentamente acerco mi mano para tocar ese rostro que durante años quise tocar.
— ¿Qué ha dicho? — pregunta Reymond confundido.
— Realmente eres tú. — susurro con voz quebradiza.
— Sí, hija. Soy yo. — dice mi padre y yo me lanzo a sus brazos, llorando como la niña pequeña que le suplicaba llorando que no me dejar