Mundo ficciónIniciar sesiónInicialmente, él estaba apoyado en el respaldo del asiento, casi dormido, con el teléfono aún en la mano. Cuando Alina abrió la puerta del coche, él levantó la cabeza y, escuchando sus palabras, extendió sus dedos, marcados por los huesos, para tomar su mano pequeña y suave, que estaba descansando en su falda.
Con una risita ronca, dijo: "Cuando tú no estás a mi lado. Nadie cuida de mí como tú".







