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Casi dos o tres horas todos los días, Alina estaba tan agotada que parecía sacada del agua, empapada en sudor, incluso con el aire acondicionado encendido, seguía sudando a mares.

Lo reconfortante para ella era que, a diferencia de ella, Andrés nunca había caído en la desesperación, la autocompasión o la depresión.

Aunque solo podía mover la parte superior de su cuerpo, todavía insistía en que le

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