87| traición.

Helene sintió como las fuerzas del cuerpo se le escaparon, como una pizca de polvo espantada por un ventarrón.

El rostro de Itsac estaba turbado, con las mejillas enrojecida y el cabello despeinado. La miraba como un animal herido, con los ojos vidriosos y el puño apretado sobre la hoja arrugada.

— ¿Cómo pudiste? — le preguntó él con la voz rota — ¿Pensabas decírmelo? — se quedó ahí plantado, esperando la respuesta de Helene, esperando que se defendiera, que le explicara con lógica y sentido,
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