32| Nada que ver con el amor.
Helene apretó el celular contra el pecho mientras los regaños de su hermano resonaban por el parlante de su teléfono.
Toro miró a Helene y la señaló.
— Menos mal que es un hombre tranquilo y maduro — se burló Toro y Helene le enseñó el dedo de en medio y corrió por las escaleras donde nadie pudiera escucharla.
— Me dijiste que podía confiar en ti — le decía Oliver — que ya habías cambiado y estabas madurando, y cuando llegué al hotel lo primero que vi era que todos estaban reunidos en la