22| ¿Acaso una mujer no tenía necesidades?.
Dormir en compañía de Itsac resultó no sólo cómodo sino también gratificante. Las pesadillas de Helene desaparecieron, como si nunca hubieran existido y cuando despertó en la mañana el brazo de Itsac se había enredado en su cadera y sus pechos estaban juntos. Las pesadas piernas del hombre estaban enredadas con las suyas y cuando Helene fue consciente de lo que estaba pasando el corazón le palpitó con fuerza.
— Itsac — murmuró, el hombre dormido se veía… tierno, como si todo el mal genio en s