Helene salió el pequeño confesionario y se encontró con Aurora, luego ambas mujeres salieron corriendo tras Arantza y Miller. Cuando salieron la pequeña tormenta de nieve que azotaba el pueblo había aumentado, el viento les pinchaba las mejillas como agujas, así que Helene entrecerró los ojos para que el helado aguijón del frío no le entorpeciera la visión.
Más allá, a unos 100 metros, se podía ver la figura alta de Miller corriendo. Arantza trataba de alcanzarla, pero parecía que el hombre co