127| Rusia.

Arantza era una mujer alta y aunque se veía tonificada, Helene logró ver debajo de su blusa unos fuertes brazos y un muy marcado abdomen. Parecía de verdad una completa soldado. Cuando Franco las presentó, la mexicana le dio un fuerte apretón.

— ¿Así que tú eres la esposa de mi compatriota? — le dijo y Helene sintió.

— Gracias por acompañarme a Rusia — la mujer negó.

— No tienes que agradecérmelo, de verdad, quería ir, no podía quedarme de brazos cruzados sin ayudar una mujer tan valiente como
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