La joven había organizado una fiesta libre de hombres, una fiesta en la cual solo estaban invitadas sus amigas en sus mejores pijamas y con copas de cóctel enormes. Las chicas tenían unos vasos de bombillos.
—¿Qué están haciendo ese club de bandidas?
—Saltando en el trampolín, pero creen que están volando—respondió Lucrecia.
—Está preciosa la casa,
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