Alonso sonrió a Lucrecia.
El joven se acercó y le tomó de las mejillas.
—Lo siento. —Dijo Alonso. —Soy un imbécil.
—Lo sé.
—No debí...—Ella le puso una mano sobre los labios.
—Voy a quitarte la camisa —Dijo mientras le acariciaba el abdomen, el joven sonrió y se inclinó para sacar su cabeza y brazos