LUCIANA
—Así que ese restaurante es tuyo —afirmé en vez de preguntar.
Con lo que dejo dicho antes, podía entender que ese lugar le pertenecía, aunque no lo hubiera asegurado.
Erick, asintió con la cabeza, antes de hablar.
—En efecto.
Conducía devuelta a la casa de playa, después de la hermosa propuesta que me hizo dimos un paseo por la costa hasta que los alrededores se volvieron más desérticos y el viento comenzaba a refrescar un poco más.
Las charlas con Erick eran cada vez más joviales