Una vez que llegamos a Italia, subimos con el tío en el coche, dirigiéndose hacia la casa donde Antonello me ayudó a escapar. Nada más llegar, Giovani me cogió de la mano entrando los dos en la casa, Paula y yo nos abrazamos con alegría cuando nos vimos, mientras Antonello me miraba muy serio. Mi esposo y yo entramos en una habitacion que estaba como cuando vi por primera vez a los padrinos, velas, todo oscuro, las cortinas cerradas, una mesa grande y los tres hombres vestidos de negro mirandom