Estaba ya medio dormida, pero pude escuchar los pasos de mi marido acercándose a la puerta del dormitorio, enseguida me puse de espaldas a la puerta y cerre los ojos, como si ya estuviera durmiendo. Giovani se sentó a un lado de la cama, me quito la sabana, y empezó a acariciar mi cuerpo, lentamente, poco a poco, desde mi cuello hasta mis piernas, subiendo su mano muy lentamente hasta mi entrepierna, donde me aparto el camison, dejando mis nalgas al desnudo. Empezó a acariciarlas en círculos co