Por un momento me quedé mirando a Giovani, pues estaba demasiado serio. Le rocé su mejilla con mi mano mientras le sonreía.
—- Gracias por lo que estás haciendo por mi hija y por mi — le dije.
—- Te amo Valeria, y dime ¿que no haría un hombre enamorado por la mujer que ama? — respondió acercando sus labios a los míos.
—- Perdone señora ¿Los señores van a comer en casa? —- nos preguntó la cocinera.
—- ¿Te apetece comer fuera? — preguntó Giovani.
—- No la verdad, que estoy cansada — le respondi.