Veo el rostro de la mujer que tengo delante de mí, ella se muestra incrédula, aún no puede creer lo que acabo de decirle, por lo que solo me limito a sonreír y reafirmar lo dicho.
- Ana, esta casa es tuya… ¡Acéptala por favor!
- Alexis… ¿De verdad? ¡No! Nadie regala una casa como está a una completa extraña…
Esas palabras me sacan de mis casillas, la volteo para tenerla de frente, la sujeto firmemente y digo:
- Si fueras una delincuente te aseguro que ya hubieras asaltado mi casa, por favor, acé