Me puse de rodillas, notando unaa mano en mi sexo, pero no podia dejar que sintiera placer, mi señor me lo prohibio, me movia, movia la cabeza, clavaba mis uñas en el suelo, pero de mi boca no salio ni un gemido. hasta que sentí algo gordo y grande entrar por mi ano, donde sí que grite, aunque seguidamente sentí uno, dos,, tres, hasta cinco azotes dolorosos que me dio Duncan con su cinturón de cuero en mis espalda. Cuando aquel peso se separó de mi, inspire y expire, pues me sentiría muy cansad