Sus brazos se volvieron mi lugar seguro y predilecto. Podría quedarme toda una eternidad sumida en ellos, dejándome apretar y sintiendo ese calor que desprenden segundo a segundo.
Cerré los ojos y solté un profundo suspiro, acunando un poco más mi cuerpo en el suyo. Me gusta estar así con él, abrazada a su desnudez mientras sus labios descansan en mi cuello y va susurrándome palabras que enternecen mi corazón.
Hace poco dejé ir la inseguridad y el miedo, porque Gabriel se ha encargado de hacerm