Eden se dio la vuelta para encontrar a Aleksei Ivanov con un vaso de whisky en la mano, y un puro cubano sin encender en sus labios delgados.
Envuelto en un elegante traje negro de tres piezas, con gemelos de plata que hacían juego con el reluciente alfiler de su corbata y el Rolex en su muñeca izquierda, parecía un mafioso ruso.
Sexi, y a la vez mortal.
Sin embargo la sonrisa perpetua que lucía era tan fría como siempre, y aterrorizaba a Eden.
Pero ella se negó a dejarse intimidar por é