María despertó lentamente. Estaba en un lugar desconocido, una villa al otro lado de la ciudad. No tenía idea de cómo había llegado allí; parecía que había sido raptada.
Pero ¿por qué? Su familia no tenía ningún estatus especial en esa ciudad ni eran adinerados.
Pronto, un hombre ingresó a la habitación, un completo desconocido para María.
—¿Quiénes son ustedes? ¿Por qué me han traído aquí? —preguntó con desconcierto.
—No se preocupe, señorita Rodríguez. Mi jefe solo desea tenerla como invitada