—Vaya, quién sabe —dijo Julio con frialdad, claramente escéptico.
Su tono hizo que Sofía se sintiera incómoda, y su expresión se endureció.
—Julio, tienes que entender que estamos en una sociedad de negocios. No soy tu subordinado, y no tienes derecho a hacerte el altanero conmigo.
Al verla enfadada, Julio frunció ligeramente el ceño.
—Sólo te recuerdo que no te acerques demasiado a los otros César. Podrían tener segundas intenciones cuando se acerquen a ti.
—Eso no es asunto suyo, señor César.