Sofía frunció los labios y, tras deliberar un momento, dijo:
—No fui yo quien te salvó. Cuando llegué, ya estabas a salvo.
—¿Eh?
María se quedó perpleja. Si no había sido Sofía, ¿quién más podía ser?
—Fue Jaime. Ya se había ocupado de ese lascivo cuando llegué.
A pesar de no gustarle Jaime, Sofía optó por contarle la verdad a María.
En cuanto a lo que María eligiera, Sofía lo dejaría a su elección, pero no permitiría que Jaime la mantuviera constantemente atada a él. Ella quería que María tuvie