Sofía pensó que la mujer que tenía delante era demasiado extraña. Su hijo estaba completamente bien, pero ella insistía en operarle. Era extraña en todos los sentidos.
En ese momento, una mano pequeña y cálida haló de ella. Sofía giró para ver que era el adolescente que estaba en la cama. Preguntó con cariño:
—¿Qué te pasa? ¿Te sientes mal?
—No quiero operarme—dijo en voz baja, como si temiera que su madre lo oyera.
Los ojos de Sofía se oscurecieron al escuchar eso. Había algo más en jue