Al ver que Julio estaba furioso, Dante no se atrevió a provocarlo más. No era rival para Julio, pero no iba a dejarlo pasar así como así. Quería aprovechar la oportunidad para humillarlo.
Él no estaba a la altura de Julio, pero era de los Fernández. Podría ser una pelea justa entre ambas familias.
—¿A qué has venido?—Julio se quedó mirando las rosas rojas que tenía en las manos. Las rosas eran tan rojas y tenían un color tan brillante que le hicieron doler los ojos.
Dante se encogió de hombro