Pronto dieron las seis de la tarde. Era hora de salir del trabajo.
Sofía empacó todas sus cosas y se preparó para salir del hospital, pero no esperaba que Julio llamara.
—¿Necesitas algo? —le preguntó mientras empacaba sus cosas.
—¿Cómo está el señor Díaz? —preguntó él. Su tono era tranquilo y neutro, como el de un jefe que se limita a ver cómo está su empleado.
Sofía respondió con sinceridad:
—Todo va bien. Le darán el alta en unos días.
Pasara lo que pasara, Julio era ahora uno de