En ese momento, Mariana entró en pánico y luchó con todas sus fuerzas.
—¡No voy a abortar! Jaime, déjame tener el bebé. Eres lo suficientemente capaz y no necesitarás depender de mi matrimonio concertado para tener poder. Sólo déjame criar sola al bebé —Mariana se lamentaba y sollozaba.
La expresión de Jaime se endureció, pero al menos dejó de arrastrarla al hospital.
—Sí, no necesito organizarte un matrimonio. ¿Pero has pensado en las consecuencias de tener el bebé? La gente te juzgará, y eso v