—Eso también es posible.
Sofía no descartó la suposición de Mariana. Aun así, al notar el cansancio en el rostro de Mariana, le aconsejó:
—Ya estás embarazada. Descansa bien y no pienses demasiado.
—Lo sé, pero no puedo contenerme.
Mariana sonrió con amargura. No habría sufrido si hubiera podido controlarse. Tuvo que superar la barrera mental ella sola.
Ni siquiera Sofía, la doctora, pudo ofrecer mucha ayuda.
—Te recetaré unas pastillas que no afectarán a tu embarazo —me dijo.
—Gracias —expresó