Sentado al otro lado de la mesa, Julio siguió bebiendo, sin responder a la pregunta de Sofía .
Un pensamiento cruzó su mente mientras le miraba.
—Julio César, ¿no me digas que sientes algo por mí? —le preguntó sonriendo.
A pesar de que ella esperaba una respuesta negativa, Julio guardó silencio durante un rato.
Sofía sintió pánico, ¿por qué no decía simplemente que no? Le gritó:
—¿Te has vuelto loco?
Julio dejó el vaso y contestó:
—¿Estoy loco si me gustas? ¿Qué lógica es esa?
—Est