Encontraron una mesa en el garito y se sentaron. En el rostro de Julio se apreciaba su desagrado por el entorno, lo que provocó la risa de Sofía.
—Parece que no te gusta este tipo de ambiente. ¿Por qué entonces has elegido vivir en Orihuela? —preguntó ella—. Si vivieras en la Mansión César, no tendrías que soportar este tipo de lugares a menos de quince kilómetros a la redonda.
Julio no contestó. La Mansión César era una propiedad privada con poca gente en sus recintos, lo cual era perfecto