MAGGIE
La fraternidad está a rebosar. Hemos subido la calle siguiendo a una horda de chicas borrachas que iban cantando a todo pulmón. La música retumba tanto que puedo sentir el bajo en los pies antes de cruzar la puerta. De inmediato nos colocan unos vasos rojos en la mano, pero huele tan fuerte que me entran arcadas cuando quiero probarlo.
Es el tipo de fiesta que, incluso antes de entrar, te golpea con una mezcla de emociones: curiosidad, nervios y mucha adrenalina. A empujones logramos ser