DIEGO
Para ser completamente sincero, no confiaba en que Maggie se lo contara a sus padres. Sé que esta chica puede guardarse secretos hasta la tumba. Y yo no quiero ser su secreto, ni que ella sea el mío.
—Siento que mi madre te haya avasallado a preguntas —me dice, apoyada en el marco de puerta.
Está guapa con ese pijama rosa de niña buena, pero me gusta más cuando sólo lleva mi camiseta y las piernas se le pierden por debajo de la tela.
—No ha sido para tanto.
—Ya... —la escucho sisear—. Bue