Capítulo 28
La mañana en la mansión era inquietantemente silenciosa para muchos. La luz del sol se filtraba a través de las ventanas, iluminando los rincones de la casa que, a pesar de su esplendor, parecía estar envuelta en una atmósfera de luto por la reciente perdida. Luciano, aún vestido de negro, se sentó en la mesa del desayuno, sintiendo el peso de la tristeza y la culpa que no lo dejaban probar bien su comida.
De repente, la puerta del comedor se abrió y Lucrecia apareció por esta deslu