Capítulo 26
La atmósfera en la mansión era densa, impregnada de un silencio reverente que solo se interrumpía por los murmullos de condolencias y el suave susurro de los asistentes. Luciano, vestido completamente de negro se encontraba en un rincón, observando la caja fúnebre que contenía el cuerpo de Emiliano. La figura del hombre que había sido su mentor, su padre, su guía y, al mismo tiempo, su traidor, lo llenaba de una mezcla de tristeza y rabia que trataba de disimular ante los presentes.