Los pasos se detuvieron justo afuera de la puerta.
El corazón de Elena latía tan fuerte que podía escucharlo.
Sophia se movió rápidamente.
“No hables,” susurró.
Elena asintió, su cuerpo tenso.
La habitación se sentía demasiado pequeña.
Demasiado silenciosa.
Entonces el pomo de la puerta se movió.
Lentamente.
Con cuidado.
Elena contuvo la respiración.
La puerta se abrió.
Un hombre entró.
Era alto, vestido de oscuro. Su rostro estaba calmado, pero sus ojos eran agudos.
Observándolo todo.
Elena si