La noche se sentía más pesada ahora.
Elena estaba quieta, con los ojos puestos en Sophia.
“No podemos seguir huyendo,” dijo de nuevo, su voz tranquila pero firme.
Sophia negó con la cabeza.
“No entiendes,” dijo. “Volver con él es peligroso.”
Elena asintió.
“Lo sé,” respondió. “Pero todo lo demás que estamos haciendo también lo es.”
Sophia apartó la mirada por un momento.
Apretó con más fuerza la bolsa.
“Ese hombre en el apartamento,” dijo. “No estaba solo. Habrá más.”
Un escalofrío recorrió el