Elena contuvo la respiración.
El mensaje aún brillaba en su pantalla.
Mira detrás de ti.
Por un momento, no pudo moverse. Sus dedos se apretaron alrededor del teléfono y su corazón comenzó a latir más rápido con cada segundo.
Lentamente, se giró.
La habitación estaba en silencio.
La suave lámpara junto a la cama proyectaba una luz cálida en el espacio. Las cortinas estaban inmóviles. La puerta estaba cerrada.
No había nadie.
Elena dejó escapar un suspiro tembloroso, pero el miedo no desapareció