CAPÍTULO 87: UN CASTIGO DE LA DIOSA
Hazel
El beso entre Erik y yo se intensifica. De pronto se convierte en una explosión de deseo que finalmente encuentra su liberación. Sus manos ascienden hasta mi nuca, enredando sus dedos en mi cabello con suavidad y urgencia, como si temiera que este momento se desvaneciera. Me sostiene con una firmeza sensual, su cuerpo presiona contra el mío hasta que puedo sentir cada latido frenético de su corazón en ritmo con el mío.
Yo también lo deseo. He intentado