Pitt había llevado Alice a casa y ella aceptó sin protestar, no estaba en condiciones de rechazar su oferta. A parte de que no dejaba de temblar, se había quedado sin su vestido. Por suerte su gabardina era lo suficientemente grande para disimular su desnudez.
Cuando Alice entró a su departamento lo último que hubiera deseado era encontrar a su conciencia personificada. Candy estaba sentada en el sofá con uno de sus pijamas puestos y viendo la tele.
–¿Candy que estás haciendo aquí? – Alice p