Scott estaba perdido en placer enterrado profundamente en la boca de Alice. Se había olvidado del mundo, solo era capaz de escuchar sus gemidos, ver las maravillosas lágrimas que saltaban de sus ojos y su mirada llena de lujuria. Era un milagro que no se hubiera corrido solo con el roce de su lengua y la presión de su garganta alrededor de su miembro lo tenía en un abismo listo para caer.
Sentía una fuerte presión subiendo hasta la punta de su pene y enredó sus manos en los cabellos de Alice pa