55. Medidas desesperadas
Giada empujó la puerta de la bodega y le apuntó con el arma a la cara.
-¡Muévete, estúpida! -gritó con voz estridente.
-¿Qué le pasa? -le preguntó con los ojos muy abiertos y fijos en la pistola.
-¡Levántate! -le dijo y la tomó con fuerza del brazo.
-¡No se atreva a hacerme daño!
-¡Cierra la boca y camina! -le gritó mientras la empujaba -¿Crees que estás en posición de exigirme algo? -presionó el cañón del arma sobre su nuca- ¿en verdad lo crees ? ¡puedo desaparecerte ahora mismo y nadie te extr