capítulo 86: Hacía la luz.
El estruendo de la explosión no solo sacudió los cimientos de la mansión, sino que pareció fracturar la última pizca de seguridad que Ivy albergaba en su pecho. El sonido fue sordo, pesado, una exhalación de fuego y escombro que llegó desde el ala este, donde se ubicaban los cuartos de servicio y el centro de monitoreo de seguridad.
—¡Ivy, quédate detrás de mí! —rugió Tyler.
A pesar de que el dolor en sus costillas le arrancaba gruñidos de agonía con cada zancada, el guardaespaldas se movió con