Capítulo 81: N.

La atmósfera en el despacho cambió. Ya no era una sala de interrogatorios, sino el santuario de una tríada maldita. Ivy se mantuvo en el centro, como el eje de una rueda que finalmente dejaba de girar de forma errática. Miró el frasco de sedantes en su mano, el mismo que Richie usaba para dormir su voluntad, y lo dejó con parsimonia sobre el escritorio de caoba.

—Sal, Mathew —dijo Ivy sin apartar la vista del objeto—. Necesito hablar con Tyler. A solas.

Mathew asintió. No hubo una pizca de celo
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