Capítulo 80: Me perteneces.
El silencio que siguió a la entrada de Tyler al despacho fue sepulcral. Ivy no gritó, no lloró. Se quedó estática, con el informe forense arrugado entre sus dedos, mirando a los dos hombres como si fueran extraños que acababa de conocer en una pesadilla. El mundo a su alrededor comenzó a desdibujarse, y el presente —la mansión, el lujo, el aroma a tabaco de Mathew— fue succionado por un vórtice de recuerdos que ella había intentado enterrar bajo capas de amnesia selectiva.
De repente, ya no es