En un beso suave y apasionado, cierro el capítulo perfecto que acabamos de escribir, sellando con ternura el punto clave de nuestra explosión de placer. Nos separamos y en el silencio, escucho el suspiro que escapa de sus labios mientras ella cierra los ojos, entregada al placer. Me recuesto a su lado, observándola detenidamente, y mi mano se desliza suavemente por su brazo, deleitándome en la textura sedosa de su piel.
— Te amo, Adrien — dice Isabella con un suspiro, mirándome fijamente a los