LIBRO 2: EL ECO DE LA SANGRE
Capítulo 41: El Amanecer de las Cenizas
El laboratorio subterráneo, que una vez fue el epicentro de una sofisticación tecnológica sin precedentes, se había convertido en un osario de silicio y memorias rotas. El cuerpo de Caimán, ahora una cáscara vacía tras haber servido como el conducto final para el virus Edén, yacía sobre la consola central con una serenidad mecánica que resultaba dolorosa de observar. Gabriel permanecía de pie frente a él, con el pecho subiendo