POV de Mathilda
Tres días después.
Una luz cegadora atravesó mis párpados, obligándome a abrir los ojos lentamente.
“¡Mathilda!”
De inmediato, una voz tan familiar hizo vibrar mi pecho. Mi madre y mi padre estaban frente a mí, con sonrisas tan radiantes como el sol de primavera. Ambos me abrazaron con fuerza: cálidos, reales, como si el tiempo jamás nos hubiera separado.
Una brisa suave acarició mi rostro. Al darme cuenta, estábamos en medio de una pradera infinita, con flores silvestres danza