POV de Mathilda
La opulencia del Grand Ballroom en el Hotel Plaza no era más que una pátina de oro sobre un nido de víboras. El aire, denso por el aroma de las orquídeas blancas y el perfume de mil dólares la onza, vibraba con una estática premonitoria. Bajo las arañas de cristal de Bohemia, la élite de Nueva York se movía como un banco de peces plateados, ajenos a que la corriente estaba a punto de volverse sangrienta. Para Enzo Hereza, esta noche era la apoteosis de su dominio; para mí, era e